Con el Decreto del 10 de noviembre de 1810, se abren las puertas de las libertades. Por lo tanto, era impensable continuar con la Inquisición. Su abolición, forzada por las publicaciones liberales, supuso un paso más en la libertad de imprenta. No obstante, con la llegada de Fernando VII todo lo conseguido hasta entonces en materia de libertad de prensa, se tira por la borda.
El día 4 de mayo de 1814, el nuevo monarca declara “aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubieran pasado jamás tales actos y se quitasen de en medio del tiempo". Es sorprendente que se llegara de nuevo a la censura y a tener que suplicar por conseguir licencias de prensa. De nada serviría la ardua labor que habían llevado a cabo las Cortes, pero esos momentos en los que se había disfrutado de libertad serían difíciles de olvidar. Los parlamentarios en cuanto tuvieron oportunidad volvieron a sacar a debate la libertad de prensa y el final del siglo XIX y el primer tercio del XX, fueron momentos de una razonable libertad.
Pero, llegó la Guerra Civil y después, una de las épocas más sombrías para la libertad de imprenta en un nuestro país, el franquismo. Me gustaría terminar con la alusión a la democracia, con la liberación de la censura y de las amenazas. Aunque, ¿son la falta de objetividad y las imposiciones de la publicidad un falta de privarnos de la libertad de expresión?

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