“Las bodas en mi país son muy parecidas a las católicas”, dice Petyo Ivanov, mostrando su humildad, seña que le caracteriza. No le gusta ser el protagonista y le sorprende que le pregunte y me interese por su historia. Este búlgaro, es difícil que pase desapercibido, con sus dos metros de altura, su pelo rubio casi blanco y sus ojos azules, que parece que te van a hipnotizar. Aun así, él lo intenta, se hace más pequeño de lo que es, para no llamar la atención y habla lo justo, pero con un juicio asombroso. Quizás en este carácter haya influido la muerte de sus padres cuando era un niño. Cuando se separó de su esposa vio que no había nada que le uniera a Bulgaria, a parte de amargos recuerdos, por lo que decidió probar suerte en un nuevo país y así fue como vino a parar a España. De momento cree que nuestro país ha sido un talismán para él y con tesón ha logrado todos “los regalos que Dios me ha dado”, dice demostrando que es un hombre religioso.
Antes de la liturgia, “el padre hace una oración y luego, viste ropas que reflejan su ministerio sacerdotal y su oficio”, señala Petyo, como me pide que le llame cuando ya coge confianza.
Durante la liturgia, “el sacerdote se dirige a una mesa, que se encuentra a la izquierda del altar. Entonces, prepara el pan y vino”, dice, destacando que este es un momento muy importante en la religión ortodoxa. Además del intercambio de anillos, como ocurre en nuestra cultura, ellos también se intercambian coronas entre ambos. “Simboliza que desde ese momento somos dueños y reyes de nuestras vidas”, explica Petyo. Este ritual se contempla en el libro del Génesis y de él también participan los padrinos.
La entrada, salida y vestuario de los novios es idéntico al matrimonio católico, que estamos acostumbrados a ver. Sin embargo, otra de las cosa que cambia es que “los nuevos esposos dan tres vueltas al altar, lo que significa la eternidad de esta unión y el número de vueltas, la Santísima Trinidad”. Petyo si tuviera que elegir se queda con las bodas de su país. Para él “la liturgia allí es más solemne y participativa”

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